Es innegable que un soplo
intolerante renovado se ha disparado en Occidente. Sucede a menudo ante
operaciones militares en las que el ejército israelí está involucrado. No es
casual que se hayan activado nuevas conspiraciones -previamente inactivas- para
quienes aman la creencia de “que los judíos controlan el mundo”.
Cada vez con más
asiduidad, se escucha y se lee -a alguien- desde una tribuna política, una
editorial de prensa o un discurso de barricada, diciéndonos que Occidente
debería replantear su relación con el Estado Hebreo -por ende con los judíos-.
Se oye y se lee en abundancia sobre lo perversos que son y como manipulan todo
para poder controlar el mundo.
Para muchos, los judíos
son responsables de cosas horribles. Colegas franceses y españoles me han
llegado a decir que no descartan que estuvieran detrás del fatal 09/11. Otros
les culpan de la maldición del multiculturalismo y de los males de la
humanidad.
Lo cierto es que los
judíos están marchándose de Europa, y sus lugares son ocupados por inmigrantes
radicalizados en las ideas fundamentalistas que se presentan como víctimas del
complot mundial. Confieso que no estoy tan seguro en cuanto a la gravedad de
esta situación, pero existe, es visible a diario, y ha echado raíces
peligrosamente en casi todo el mundo.
Comparados en números con
musulmanes y cristianos, por no hablar de hindúes, budistas y bahais, los
judíos son un puñado de gente. Un diminuto porcentaje de la población mundial.
Casi la mitad de ellos vive en Israel, un país del tamaño de un pañuelo, donde
cada día llegan más desde las capitales europeas. Mientras en Europa se ha
convertido en deporte usar el comportamiento del gobierno israelí como excusa
neo-judeófoba para el tipo de antisemitismo abierto al que nos ha acostumbrado
la propaganda integrista y la izquierda europea y latinoamericana.
Es frecuente escuchar en
demostraciones anti-israelíes llamados a gasear a los judíos. Incluso tiempo
atrás un miembro del Parlamento alemán estuvo en primera fila en ese tipo de
eventos. En Suecia y Holanda, los atletas israelíes ya no pueden competir sin ser
atacados o repudiados por grupos de revoltosos y racistas a los que la policía
no puede o no quiere detener.
Sin embargo, a diario
escuchamos la interminable dialéctica sobre islamofobia; lo cual ya es
suficiente como para acercarnos al repudio de tales posiciones victimistas.
Hasta donde sé, no ha habido cristianos o judíos que vayan asesinando niños por
colegios islámicos como sí ocurrió recientemente con tres estudiantes judíos.
A mí tampoco me gustan
algunas cosas que hace el gobierno israelí, pero apoyo el derecho de Israel a
existir y a defenderse de gente preparada para usar mujeres y niños como
escudos humanos. Y creo que los israelíes -por ahora y hasta no acordar con
Mahmud Abbas- no deben devolver parte de Jerusalén. Aunque todavía pienso que ellos
la mantienen por alguna razón relacionada a la religión, y no creo que en el
mundo de hoy sea inteligente ceñirse a cuestiones religiosas.
Lo cierto es, que la
experiencia me ha enseñado que la mentalidad islamista radical ve cualquier
concesión como una debilidad para ser explotada políticamente a futuro. Por
otra parte, los líderes palestinos de Hamas parecen menos preocupados por la
paz, la creación de su Estado y la libertad de su pueblo que por enviar a todos
los judíos al fondo del mar, así que nunca detendrán sus bombardeos y misiles
contra civiles israelíes.
El mundo entero sabe que
entre israelíes y palestinos pudo haber un arreglo pacífico muchas veces en el
pasado. Y no lo hubo por la incompetencia y corrupción del liderazgo palestino
más que por la intransigencia de gobiernos israelíes.
Para Hamas, el enemigo no
es Israel, sino los judíos. Por lo tanto aquel que apoye a Hamas apoya a gente
que quiere exterminar a los judíos, no sólo por ser israelíes, sino por ser
judíos.
Puede que Israel esté en
el sitio equivocado. No podría estar en peor lugar del globo dada la mentalidad
y la fobia de sus vecinos. Pero es un poco tarde para hacer algo al respecto
para los árabes. Por lo que deberían aprender a convivir con ellos.
El punto es que, el hecho
de que un Estado judío exista pareciera ser una condena y un calvario para todo
el mundo, no sólo para el mundo árabe. Como cristiano no puedo ser injusto y
debo decir que en el pasado también lo fue para la iglesia católica, cuyo
programa de rechazo a los judíos se extendió por varios siglos y arraigó tan
profundamente en la psiquis europea que no hace falta “rasquetear” demasiado la
pintura para que el color de fondo salga a la luz en el presente.
No soy judío, soy lo que
despectivamente muchos en Occidente llaman árabe-cristiano o en el peor de los
casos: moro cristiano. Pero incluso si fuera un judío no sionista, militante de
la paz, liberal -que los hay muchos así- querría ver un Israel fuerte, porque
cuando llegue el momento, la gente no defenderá a los judíos. Lo hemos visto
históricamente en Europa, lo estamos viendo de nuevo hoy, especialmente con los
fascistas y reventados sociales irrecuperables, tanto de las derechas como de
las izquierdas, y no sólo las europeas.
A menudo la verdad es dolorosa,
mas cuando no se la quiere ver, pero algunos deberán escucharla y conocerla de
una vez. Y la verdad es que los judíos han contribuido más a la humanidad que
cualquier otro colectivo de personas. Mucho más que los cristianos e
inmensamente más que los musulmanes. Hay planetas de distancia y diferencia en
ello.
Los judíos reciben
innumerables cantidades de Premios Nobel. Me refiero a Nóbeles de verdad (no al
devaluado premio de la Paz) porque están a la vanguardia en las ciencias, la
medicina, la tecnología y en lo que nos imaginemos. Siempre encontrará usted un
judío aportando a la humanidad. Donde sea que hay progreso en el mundo de hoy,
a menudo se encuentra a un judío haciendo la diferencia. Actualmente Israel es
líder tecnológico mundial, aun allí donde está “solo”; en un Oriente Medio que
es un lodazal, Israel aparece como un diamante en ese lodo.
Pensemos por un instante,
con el mayor respeto, objetividad y reconocimiento; y sin negar las posiciones
del que piense diferente: es claro lo que la milenaria cultura árabe ha
brindado a la humanidad en los siglos pasados. Infinita riqueza en el campo de
las ciencias, las matemáticas, la física, la arquitectura y un sin fin de
etcéteras. Pero hoy, ¿Donde están los Taha Hussein, los Taufik al-Hakim, o los
Ahmad Chauqi, los Khalil Gibran y los Amín Rihani de nuestro tiempo. Todos
estos intelectuales y pensadores que dieron en el siglo XIX y las primeras
décadas XX lo que se conoció como Nahda (Renacimiento Árabe). ¿Donde han
quedado sus ideas hoy? Actualmente: ¿Que elementos ofrecen los países árabes a
la civilización y al mundo? ¿Qué progresos, invenciones y descubrimientos se
están haciendo en el mundo árabe hoy? ¿Cuál es el contribuir del mundo árabe a
la civilización y a la humanidad en el presente.
Además del petróleo bajo
su suelo y por lo cual no se puede demandar ningún mérito a nombre de los seres
humanos que viven sobre la superficie de la tierra. No hay, infortunadamente,
nada que el mundo árabe este ofreciendo en nuestros días a la humanidad. Y la
razón es, sobre todo, “porque los pueblos árabes siguen siendo rehenes de sus
élites religiosas, políticas y económicas que se erigen dictatoríamente como
defensores pseudos-intelectuales de sus ciudadanos en una estéril confrontación
con los que llaman “cruzados, sionistas, imperialistas o colonialistas”.
Manifestando su odio, el
mundo árabe muestra una imagen muy pobre de sí mismo. Aunque es cierto ¿quién
puede culparlos? Sólo ellos son los que pueden hacer algo para cambiar esa
conducta y escoger encaminarse hacia el siglo XXI o continuar la regresión al
siglo VI, humillándose y degradándose con su histórico rechazo a los judíos.
Pero cuidado; el mundo tiene todo el derecho de juzgar sus conductas, porque
eso configura una vergüenza para la especie humana.
Si todo lo que se ve no
generara tragedia y destrucción para los ciudadanos árabes, seria cómico oír a
gente diciendo que los judíos intentan dominar el mundo. Lo escucho desde que
era un niño. Tuve la oportunidad de viajar dos veces a Israel y a Ramallah por
razones profesionales y mis sospechas se aclararon allí. Nada de eso es verdad.
Pero incluso si fuera cierto lo que escuché de muchos árabes y libaneses,
excepto dentro de mi familia, a quien debo el agradecimiento de una educación
sin prejuicios, odio, alienación o estereotipos; preferiría muchísimo que los
judíos controlaran este mundo a que los islamistas lo hagan cualquiera de estos
días. La guerra del Líbano me enseño en primera persona a discernir quienes son
las personas cuerdas en el planeta.
Así es que, si muchos de
ustedes creen que los judíos son unos perversos manipuladores y si en verdad
usted -lector- cree que un oscuro complot judío internacional lo controla desde
arriba como a una vetusta marioneta, usted puede creer lo que desee y está en
su derecho, pero haga el favor de no decírmelo. Estoy saturado de oírlo y en mi
diccionario la palabra odio no tiene lugar. Háblelo con su psicoanalista. ¡Pero
tenga cuidado! Puede que él sea un judío. El mío lo es, y es el mejor.